DIEZ COSAS
QUE HAY QUE SABER
SOBRE EL THRILLER
Ernesto Diezmartínez GuzmánUNO. Llamamos thriller a una película emocionante. Como en muchos otros casos de los géneros cinematográficos, no existe una traducción literal del término y algunos llaman, equivocadamente, cintas de suspenso al thriller.DOS. El suspenso no es un género, sino un mecanismo narrativo que puede ser usado en cualquier otro género (en la comedia, en el melodrama, en el horror, en el western…). En pocas palabras, el suspenso existe cuando el espectador sabe más que los personajes. Hay suspenso en un melodrama telenovelero cuando una mujer se encuentra, sin saberlo, con la hija que perdió cuando ésta era recién nacida. ¿Se fijará la mujer que la niña tiene un lunar clave con el cual la identificará? Así se crea el suspenso.
TRES. El máximo exponente del thriller es Alfred Hitchcock, aunque el primer gran cineasta de este género fílmico fue, en realidad, Fritz Lang con sus cintas sobre el Dr. Mabuse.
CUATRO. Una de las fórmulas más populares del thriller es la del “falso culpable”, es decir, la persecución de alguien por un crimen que no cometió. Hitchcock llevó al extremo esta fórmula en Intriga Internacional (1959).
CINCO. Los thrillers de espionaje fueron, también, perfeccionados por Hitchcock en varias cintas (El Agente Secreto, Sabotaje, Saboteador, Los 39 Escalones, etc.), aunque muchas de estas cintas usaban, también, al falso culpable como mecanismo narrativo.
SEIS. Un thriller tiene que provocar emoción. ¿Cómo?: colocando a sus personajes en constante peligro. Las razones por las cuales están en peligro pueden resultar absurdas y sin sentido. A esto, el propio Hitchcock lo llamó el “McGuffin”.
SIETE. El McGuffin es aquello que es muy importante para los personajes, pero no para el espectador. En los thrillers hitchcockianos existieron infinidad de McGuffins: botellas de vino con uranio, planos valiosísimos, dinero que pasaba de una mano a otra, etc. Al final de cuentas, el susodicho McGuffin no sirve para nada; sólo es el pretexto para iniciar la acción.
OCHO. Una fórmula muy popular en años recientes: el thriller erótico (entiéndase soft-core, es decir, sin desnudos explícitos) con Bajos Instintos (Verhoeven, 1992) como cinta ejemplar en ese terreno.
NUEVE. Otras fórmulas que han adquirido popularidad recientemente: el thriller de whod’unit (es decir, centrado en adivinar quién es el culpable, como la tramposa Identidad/Mangold, 2003), el de vuelta de tuerca sorpresiva (como la inigualable Sospechosos Comunes/Singer, 1995) y el de serial-killer (la saga sobre Hannibal Lecter, para acabar pronto).
DIEZ. Una fórmula un tanto olvidada del thriller: el psicológico, con las hitchockianas Cuéntame tu Vida (1945) y Marnie (1964) como ejemplos clásicos –e inquietantes, sobre todo en el segundo caso.
10 DIEZ COSAS
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